jueves, 22 de enero de 2015

EL QUIJOTE: ”Grandes hitos de la historia de la novela euroamericana: Vol. I. Desde sus inicios hasta el Romanticismo.”

Recordarán los oyentes que dejamos el Catalejo del jueves pasado preparado para una segunda parte, que es ésta. Los interrogantes de una lectora norteamericana cuestionando la importancia de el Quijote fueron contestados, en primera instancia, con los argumentos de que este libro constituye el punto de partida de lo que se entiende como “novela moderna” y de que, de no ser por él, no existiría como tal la obra de los grandes escritores del género, entre otros, la de los referentes norteamericanos, desde el Mobby Dick, de Melville, hasta la de los maestros del siglo XX Faulkner y Hemingway.
Y, como decíamos, la cosa no quedó ahí. Porque al día siguiente,  a la joven norteamericana se le entregó, para su información y documentación, un ejemplar del primer volumen de la trilogía ”Grandes hitos de la historia de la novela euroamericana”, que va “Desde sus inicios hasta el Romanticismo”, y cuyo autor es nuestro Catedrático de Literatura Comparada Juan Bravo Castillo.
Viene esta obra muy a cuento, ya que el capítulo nuclear, el más extenso y quizá el más sobresaliente es, como no podía ser ser de otro modo, el dedicado al el Quijote. En él, Juan Bravo ofrece al lector las respuestas a todas las preguntas que planteaba nuestra lectora americana sobre la importancia y trascendencia de El Quijote, y a cuantas nos hagamos hecho nosotros, y a cuantas no nos hayamos hecho todavía. El capítulo, de casi cien páginas, es un modelo de análisis crítico, de capacidad de síntesis, un alarde de magisterio imprescindible para todo aquél que, habiendo leído la obra cervantina, quiera saber sobre su génesis y su proceso de creación, por ejemplo; e imprescindible también para quien no la haya leído aún y quiera saber antes qué es lo que se puede encontrar en su lectura.
El segundo volumen de esta trilogía sobre la historia de la novela está centrado en el siglo XiX; el tercero, que saldrá en breve, sobre los novelistas del siglo XX. Justo es decir que esta obra es una de las más exigentes, ambiciosas y respetables que sobre la novela, el género literario más cultivado y de más éxito a lo largo de la historia de la literatura, se haya escrito, y sitúa a su autor, el profesor, crítico y escritor Juan Bravo, como una de las grandes autoridades en la materia.

jueves, 15 de enero de 2015

EL QUIJOTE: 4 SIGLOS DE LA PUBLICACIÓN DE LA 2º PARTE

Hace 4 siglos salió a la luz la 2ª parte de la que es considerada por la mayoría de la crítica como “la mejor obra literaria jamás escrita”. Nos referimos, naturalmente, a El Quijote. Apareció con un título distinto al de la primera parte: es decir, pasó de ser “El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” a “El ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha”.
Es muy probable que sea, además, el libro del que más se ha escrito, el que más se ha estudiado, la obra literaria más conocida en todo el mundo, la más veces publicada y la más veces traducida, y, a partir de este año que empieza, todavía lo será mucho más.
Pero, ¿es realmente tan interesante, tan importante? Y, si es así, ¿por qué, por qué ese interés? ¿Dónde, en qué se justifica tanta importancia? ¿Cúales son las claves para apreciar tantas y tan buenas cualidades como parece que contiene? ¿Ciertamente significa tanto para la historia de arte, de la cultura española y universal? ¿Es, para resumir, tan bueno?
Aún asumiendo que uno haya leído el libro -cosa que nos consta que ha hecho mucha, muchísima menos gente de lo que podríamos pensar-, no es en absoluto fácil atreverse a responder convincentemente y con un mínimo de criterio a alguna, a una sola de estas preguntas.
En una distendida conversación sobre literatura en general dentro de una clase de Inglés, una joven auxiliar de conversación americana -una lectora, como se dice coloquialmente-, graduada en Filología Hispánica y Sicología y destinada este curso en una Facultad del campus universitario de nuestra ciudad lanzó semejantes preguntas al grupo de alumnos.
Tras unos segundos de silencio y desconcierto entre los alumnos, el profesor terció explicándole a la joven norteamericana que la importancia de El Quijote estaría más que sobradamente justificada con el hecho de que ese libro es con el que se da inicio a lo que hoy, y desde poco después de su publicación, se conoce y se entiende como “novela moderna”, sin duda el género literario más cultivado y de más éxito desde entonces, y sin cuya influencia probablemente no existiría la obra de ilustres novelistas como Herman Melville, Mark Twain, William Faulkner o Ernest Hemingway, por dar sólo nombres de autores norteamericanos confesamente devotos deudores del escritor alcalaíno.
Me consta que no terminó ahí aquella conversación, ni mucho menos, pero si os parece me guardo la continuación, como una segunda parte, para una próxima entrega de este Catalejo, que será acaso la del jueves que viene.
El Catalejo. Radio Chinchilla,
jueves, 15 de enero de 2015.

jueves, 4 de diciembre de 2014

ESTEBAN CRESPO

Esteban Crespo visita hoy Albacete. Viene, patrocinado por la Diputación, a hablar de dos de sus premiados cortometrajes. Esta mañana, presentará en el Instituto de Secundaria “Río Júcar” de Madrigueras, “Aquel no era yo”, el corto con el ganó el Goya en 2013, y con el fue nominado para los Oscar de 2014. Por la tarde, presentará en Tarazona de la Mancha, en un acto organizado por y para asociaciones de mujeres de esa localidad, el titulado “Nadie tiene la culpa”.
Esteban Crespo García, madrileño de 43 años, es guionista y director de cine; empezó en televisión, realizando documentales, para pasar después a asesorar sobre programación infantil, a la vez que se inició en el difícil mundo de la realización de cortometrajes. Antes de los dos mencionados, dirigió otros cuatro, unos de los cuales, “Lala”, fue nominado como Mejor Cortometraje de Ficción en los Goya de 2010. Ha obtenido con todos ellos, hasta la fecha, más de 200 premios nacionales e internacionales, casi la mitad de los cuales, con “Aquel no era yo”. Actualmente rueda su primer cortometraje.
Un cortometraje es, según el Diccionario de la Real Academia, “una película de corta e imprecisa duración”. La wikipedia precisa más, y propone que es “una producción audiovisual o cinematográfica que dura menos de 30 minutos”. Pero un cortometraje es algo más o algo diferente a lo que su nombre pudiera indicar. Es mucho más y mucho más difícil que eso: un buen corto dice lo mismo, y a veces, mucho más, aunque  con muchos menos personajes y con muchísimos menos recursos, que una película de una duración normal; un buen corto, además, hace pensar y sentir, tanto o más que un buen largometraje, en cuatro o cinco veces menos tiempo; un buen corto suele emocionar antes, más y con más intensidad que un largo.
Yo creo que el cortometraje, como género, es un gran desconocido en nuestro país, a pesar de que dos de los más famosos y más importantes, y acaso dos de los que dieron inicio a este género, son las obras con las que empezó nuestro cineasta más importante, Luis Buñuel; me refiero, como ya saben, a “Un perro andaluz”, de 1929, y “Las Hurdes, tierra sin pan”, estrenada en 1933.
Algunos, hemos tenido la oportunidad de ver previamente las dos pequeñas, pero enormes, producciones que nos presenta hoy Esteban Crespo. “Nadie tiene la culpa”, condensa y resuelve de forma magistralmente divertida en 14 minutos una crisis de pareja. “Aquel no era yo”, más exigente, cuenta en 25 minutos una gran historia de médicos sin fronteras y niños soldados. Pero es por lo que no cuenta expresamente, sino por lo que está implícito, por lo que esta historia nos desborda y nos encoge el corazón: al final, no es de la guerra, sino del perdón y la esperanza de lo que trata. Y es muy, muy difícil, decirlo mejor y en menos tiempo. Y ésa es, precisamente, la grandeza de un un buen cortometraje.

jueves, 27 de noviembre de 2014

PLENSA


En el discurso de entrega del Premio Velázquez de Artes Plásticas 2013 al escultor y grabador Jaume Plensa, que tuvo lugar el pasado lunes, 17 de noviembre, en el Museo del Prado, el artista barcelonés, entre otras afirmaciones de espesa enjundia, se descolgó con ésta que ha sido repetidamente referida en los últimos días por los medios y que les reproduzco textualmente:


“En un momento de tanta rigidez en la política, de tanta superficialidad en la cultura y de tanta codicia en la economía, el arte y la poesía son más necesarios que nunca para ayudar a la sociedad a crear modelos éticos de comportamiento.” Ahí es nada.


Para quien no sepa quién es, Plensa nació en la capital catalana, en 1955. Es un artista muy versátil y poliédrico, con una obra de calidad contrastada y bien reconocida: antes del Velázquez, en 2012, ya obtuvo el Nacional de Artes Plásticas y el de Arte Gráfico. en 2002 fue investido doctor Honoris Causa por el Instituto Escuela de Arte de Chicago; en 1997 fue galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas de la Generalidad de Cataluña.


Plensa ha reconocido en numerosas ocasiones su deuda con los poetas, que, según él, es mayor que la que su obra pueda tener con otros artistas.


"Los poetas me han educado, enriquecido y dado la voz y la seguridad. Me han enseñado a mirar, a vivir y sentir la vida como una respiración acompasada que ha ido permanentemente tatuando palabras y signos en la biología del lenguaje, en las células del amor y el ADN de los seres humanos", ha llegado a declarar.
Lúcida y espléndida cita, sin duda, pero es la anterior, la primera, la que de verdad reclamaba nuestra atención, especialmente el final, que les repito: “el arte y la poesía son más necesarios que nunca para ayudar a la sociedad a crear modelos éticos de comportamiento.”


La poesía es uno de los géneros de la literatura, que es una de las 7 artes -las 6 clásicas, más el séptimo arte, que, como saben, es el cine. Puede ser cierto que la poesía, el arte en general, nos dote de un conocimiento y una sensibilidad especiales y de otras cualidades, pero considerar que pueden contribuir a aportar a una sociedad esa dosis de ética necesaria para extirparle los males que señala Plensa, creo que es ser demasiado optimista.


Ojalá tuviera razón el artista barcelonés! Ojalá contemplando al Greco, o a Picasso, o leyendo a Bécquer o a Cernuda se restituyera la ética en ciertos sectores de la sociedad, esa ética arrasada por la mediocridad, la deshonestidad y la avaricia de quienes estaban o están aun al frente de importantes administraciones e instituciones,. Pero no, nos tememos, amigo Plensa, que no es así. Y nos tememos que esas palabras salen más del corazón que de la cabeza,  y expresan más un deseo o una ilusión que una realidad o una verdad objetiva y contrastable. Y con eso, como tantas veces, nos tenemos que conformar.

jueves, 20 de noviembre de 2014

EN EL PASO DE CEBRA

Algunas veces pasan estas cosas. Aparcas donde acostumbras, en el mismo lado del bulevar, bajo el  mismo árbol, ya sin hojas, de siempre. Bajas del coche y, de camino al trabajo, te la encuentras ahí, tirada en el paso de cebra, chafada en un extremo, sin duda atropellada y abandonada en medio de la calle: una barra de pan que alguien, quizá por las prisas, perdió o no quiso recoger cuando acaso se le cayó de una bolsa de plástico escasa y frágil.
                No recuerdas haber visto nunca antes una barra de pan entera y reciente tirada en la calle como ves habitualmente esos objetos que llamamos genéricamente “basura”: ropa o calzado viejo junto a un contenedor, un periódico de ayer, arrugado o rasgado, un paquete de tabaco vacío y pisado, o una colilla. Y por eso, reparas en ello, piensas en lo extraño de la situación y vuelves la cabeza y la mirada hacia el lugar donde aún reposa la insólita barra de pan, y te quedas observándola y confirmas que es real, y que, en la parte no aplastada, está crujiente aún; por un instante haces ademán de recogerla, porque, no sabes por qué, no puedes consentir ver una barra de pan en el suelo. Pero no lo haces. Y sigues tu camino junto a las otras personas que cruzan con prisa el paso de cebra hacia sus trabajos, sus compras o sus ocios.
                Ya en el trabajo, te asalta varias veces, sin saber por qué, la imagen de la todavía dorada barra de pan, anónima y simbólica, sobre el asfalto en mitad de la calle y estropeada tal vez por accidente; la visión de la gente pasando por encima de ella sin cogerla o retirarla. Al poco, piensas que el asunto no tiene mayor importancia; sabes que hoy una barra de pan vale muy poco o casi nada, es decir 30 ó 40 céntimos. Te dices si acaso no le estás dando demasiadas vueltas a algo tan insignificante como doscientos gramos de agua, harina, levadura y sal. Y, al poco, y por un  tiempo, te olvidas de todo y te ocupas de atender los correos y las tareas que tenías pendientes. Y terminas tu jornada y sales del trabajo.
              De  camino al coche, cruzando el mismo paso de cebra, te la vuelves a encontrar, ya completamente atropellada por innumerables vehículos y apenas reconocible, pero casi en el mismo sitio. Sólo tú sabes que era, que es, pan del día. Y conduces despacio hacia tu casa, con la música de siempre, pensando en las cosas que tienes que hacer mañana.

jueves, 13 de noviembre de 2014

PODEMOS

Reconozco que, como a todos los españoles, aunque no a todos por las mismas razones, me interesa el fenómeno “Podemos”. Me parece asombroso que un grupo de treintañeros, tan bien preparados como desconocidos hace apenas medio año, sea hoy la opción política más pujante y de mayor aceptación por la ciudadanía, relegando a puestos de escasa importancia a partidos como Izquierda Unida y UPyD, y disputándole al Partido Popular y al PSOE el primer lugar en intención de voto de cara a las próximas convocatorias electorales. Y amenazando así con acabar con el eterno bipartidismo que ha dominado la vida política de nuestro país desde que podemos elgir a nuestros gobiernos.
            Está claro que el fenómeno ha sorprendido a todos, y muy especialmente a los políticos; a los que están en el gobierno, a los que están en la oposición, y a los que no acaban de decidir dónde están. Pero también a los periodistas de todas las tendencias y a otros líderes de opinión. Y también a los empresarios y a los banqueros. Y todos, como si, por una vez, estuvieran en el mismo barco, coinciden en ver en Podemos un peligro para el sistema.
            A su líder, de nombre tan políticamente evocador como Pablo Iglesias, lo acusan de todo para desprestigiarlo, y parece que cuanto más se empeñan en esa estrategia, más adeptos gana. Lo tachan de populista y de tener estrechas relaciones con regímenes tan dudosos como Venezuela o Irán. Lo tildan de proetrra, de comunista, y de no sé que más. Pero, hasta hoy, no consiguen reducir, más bien al contrario, el altísimo grado de simpatía que sigue recibiendo de los ciudadanos de todos los estratos e ideologías. Hay quien dice que un gran empresario del mundo de la comunicación inventó todo esto para disgregar a la izquierda, y que se le ha ido de las manos. Y que ahora no saben cómo reconducir tan amenazante situación.     

            Tengo un amigo que no es político ni politólogo, ni periodista ni sociólogo, ni gran empresario, ni nada de todo eso. Pero es muy observador y no tiene un pelo de tonto. Él cree que el fenómeno Podemos ha surgido, sobre todo, como respuesta aglutinante del descontento anónimo y general ante las medidas políticas adoptadas por la crisis, que han recaído sólo en los más  desfavorecidos y en las clases medias y no en quién provocó la crisis ni en quien está adoptado esas medidas, y ante los terribles casos de corrupción político-empresarial que nos asaltan diariamente. Y dice que, si los gobernantes y los poderes económico-financieros que gobiernan a los gobernantes quieren desactivar definitivamente a los muchachos de Podemos, sólo tienen que deshacer las cosas que han provocado su surgimiento y alientan su imparable ascenso. Es decir, por ejemplo, que los casos de corrupción dejen de estar intencionadamente impunes, que las consecuencias de la crisis dejen de ser pagadas sólo por los trabajadores y los parados, que cambien leyes tan injustas como la que permite a los bancos desahuciar y obligar a los desahuciados a seguir pagando las hipotecas, o la del aforamiento de políticos y magistrados, o que las grandes fortunas paguen impuestos y dejen de evadir capitales a paraísos fiscales, y un larguísimo etcétera que no cabe en este catalejo. Y sostiene mi amigo que si esto se fuera haciendo, aunque fuera poco a poco, seguramente el fenómeno Podemos iría perdiendo a la vez su razón de ser y al poco desaparecería. Y todos tan contentos. Eso dice mi amigo. Pero qué sabe él de eso, por muy listo que sea, si no es político ni politólogo, ni periodista ni sociólogo, ni nada de nada.

jueves, 6 de noviembre de 2014

LA ESCOPETA NACIONAL

En 1978 se estrenó, bajo el título de “La escopeta nacional”, la primera película de la trilogía “Nacional” o “De la familia Leguineche”. En ella, ambientada en la España del tardofranquismo, y acaso la mejor de la serie, entre otras pequeñas y disparatadas historias y líos que se imbrican y engarzan, se cuenta cómo un empresario catalán paga una cacería a miembros de la alta sociedad, políticos y amigos bien posicionados en el régimen para intentar obtener la influencia del Ministro de Industria, y colocar en el mercado un nuevo producto industrial -porteros automáticos- en la creciente industria inmobiliaria.
            Con esta película, el director de la saga, el gran Luis García Berlanga sólo pretendía hacer lo mismo que con todas sus anteriores: poner de manifiesto alguna de las miserias de la España de la época. Lo hizo con El Verdugo sobre la pena de muerte, o con Plácido sobre la falsa caridad, por ejemplo. La Escopeta Nacional muestra hasta dónde está dispuesto a llegar un tipo de ciudadano, malllamado empresario, para obtener ventajas de los políticos y beneficiarse ilícitamente, y hasta qué grado de corrupción están dispuestos a bajar algunos gobernantes para lucrarse gracias a su posición.
            Desde que tuvimos noticia de la llamada “Operación púnica”, que simplemente es uno más en la escalada de gravísimos y escandalosos casos de corrupción entre empresarios y políticos, hemos oído en más de una ocasión en tertulias de periodistas referirse a ese caso como otra “Escopeta Nacional”. Y nada más lejos de la realidad. Granados y sus secuaces dejan a los personajes encarnados por José Sazatornil y Antonio Ferrandis, el empresario Canivel y el Ministro de Industria en la película, respectivamente, en inocentes parvulitos jugando en el patio del colegio, ingenuos personajillos sin malicia. Quien haya visto la película y tenga datos del caso Operación Púnica sabe que ambas historias no pueden compararse salvo en el planteamiento. Lo de Berlanga se queda en un chiste. La magnitud de lo perpetrado y lo robado por el político madrileño y su trama suponen una vuelta de tuerca que el genial director valenciano no podría haber imaginado.

            Lo que sí hizo once años después de terminar la trilogía “Nacional”, ya casi al final de su carrera, penúltima de sus casi veinte películas fue una, que debería ser premonición y destino para los sinvergüenzas de la Operación Púnica, una película que para esos no debería ser ficción, sino cruda y próxima realidad y, que como ustedes ya sabrán, se titulaba “Todos a la cárcel”.